jueves, 21 de enero de 2016

HERIDAS ABIERTAS

Ascensión con una foto de sus padres. Fuente imagen: Cadena Ser
Gracias a reportajes como los que se han hecho sobre el tema en medios como El Intermedio o Público, hemos podido conocer las injusticias que han sufrido y sufren los hijos y nietos de quienes fueron asesinados durante el franquismo, muchos de los cuales siguen enterrados en cunetas para vergüenza de un país que se dice desarrollado. Un insulto atroz a la memoria de esas víctimas. También a la ley que trata de reparar el abandono al que se han visto sometidas durante tanto tiempo y que el actual gobierno no ha hecho efectiva en los más de 4 años que lleva en el poder. El mismo gobierno para el que tan importante es cumplir la ley en otros temas, o que tanto dice preocuparse por las víctimas. Desde luego por éstas no. Es más, actúan en su contra. No en vano, en 2012 paralizaron todas las exhumaciones puestas en marcha y, desde entonces, no destinan ni un euro a financiar estos trabajos. Quizá porque el gobierno está formado por dirigentes de un partido fundado por franquistas... Ahora es cuando saltan los que dicen que todo esto son rencillas guerracivilistas que hay que dejar atrás y te sueltan aquella manida expresión: "¿Qué necesidad hay de abrir estas heridas del pasado?". Perdón, ¿abrir? No se puede abrir aquello que aún no se ha cerrado. Y ése es el problema, que después de tantos años, estas heridas siguen abiertas porque quienes las provocaron decidieron que la mejor manera de pasar página era enterrarlas. Y ahí siguen enterradas. En cunetas. No se podrán cerrar mientras sigan ahí. Ni mientras haya edificios, plazas o calles con el nombre de sus verdugos. Que quede claro, reclamar justicia no es volver atrás sino dar un paso hacia delante. Y aún nos faltan muchos por dar. Ya que los asesinos quedaron impunes, qué menos que honrar a sus víctimas. Una de ellas fue el padre de Ascensión Medieta, la mujer de la imagen que ilustra este artículo. Su padre fue fusilado en 1939 cuando ella sólo tenía 13 años. Ahora tiene 90 años y lleva 40 (desde la muerte de Franco) intentando encontrar los restos de su padre para poder darles una sepultura digna. Toda una vida de lucha que se estancó por la inanición del actual gobierno. Hasta el punto de que tuvo que viajar a Argentina para pedir lo que en España le negaban: justicia. Por suerte, allí sí la encontró. Tras escuchar su declaración, una jueza argentina solicitó a un juzgado español que autorizara una exhumación en Guadalajara, donde se cree que están los huesos de su padre y de otros 22 asesinados. Esta semana, por fin, han comenzado las labores para recuperarlos y Ascensión está allí desde el primer día, ilusionada ante la posibilidad de cumplir lo que prometió a su madre y a sus hermanos: honrar a su padre. Ojalá su lucha abra los ojos a todos los que se ponen la venda de las heridas del pasado. Ojalá consiga que haya más empatía y humanidad en nuestro país por un tema que nos debería sonrojar y que nos está dejando en evidencia. Ojalá no vuelvan a gobernarnos dirigentes políticos tan cobardes y ruines como para no hacer nada por gente como Amparo. Su emoción es la de muchos que soñamos con tener un país mejor. Su dignidad deja en ridículo a los que carecen de ella, los que nunca más deben destrozar la vida de nadie. Pablo Conde

sábado, 14 de noviembre de 2015

TODO MI APOYO

Fuente imagen: Jean Jullien
Todo mi apoyo a las víctimas de la brutal matanza terrorista en Paris. Todo mi apoyo también a las otras víctimas de ISIS que no tienen tanta atención mediática porque no son occidentales o son asesinadas lejos de nuestras fronteras, muchas de ellas también musulmanas (importante recordar para que nadie caiga en tentaciones xenófobas). Todo mi apoyo a los refugiados sirios que huyen de esta barbarie y encuentran cerradas las puertas de una Europa que sólo reacciona cuando las víctimas son "suyas". Todo mi dolor con los que mueren y sus allegados. Toda mi repulsa hacia los asesinos. Todo mi desprecio hacia quienes los financian, muchos de los cuales son de los "nuestros" (importante recordar para que nadie pase por alto la responsabilidad y la hipocresía que tienen muchos dirigentes del "primer mundo"). Y toda mi vergüenza para aquellos que son incapaces de ponerse en la piel de los que sufren esto a diario y son olvidados, igual que la gente ya se olvidó de aquel niño muerto en la playa. París es hoy la capital del dolor, pero también es el símbolo del país que proclamó la libertad, la igualdad y la fraternidad. A ver si de una vez, y de verdad, ponemos esos valores en marcha frente a los que quieren gobernar el mundo con el miedo. Y no me refiero sólo a los terroristas... Pablo Conde